Esta novena está pensada para que nos ayude en el amor. Consta de una oración inicial, que será necesario repetir al inicio de la oración durante los 9 días en los que se realiza la Novena a San Antonio de Padua, y de 9 oraciones diferentes para cada uno de los 9 días.

Para esta Novena a San Antonio de Padua necesitaremos una vela de color rojo e incienso de lilas.

novena a san antonio de padua

ORACIÓN INICIAL (recitada cada día al comenzar con la Novena a San Antonio de Padua)

¡Amadísimo Protector mío, San Antonio!

Heme aquí, a tus pies, plenamente confiado en tu poderosa intercesión.

Mírame con aquel espíritu de dulce y tierna compasión con que mirabas a los pobres.

¡Pobre soy yo, Santo mío!Me veo lleno de miserias.

La vida para mí es continua lucha. Pan de felicidad, de alegría, de salud, de paz, de virtud… ¡cuánto me hace falta y cuánto espero de tu amorosa protección! Otórgamelo, te lo pido humildemente, para que tu nombre de Taumaturgo sea nuevamente glorificado.

Creo en tu poder, espero en tu bondad, amo tu corazón de padre y bendigo a Nuestro Señor, que te hizo grande en la tierra y en el cielo.

Amén.

ORACIÓN FINAL (recitada cada día al terminar con la Novena a San Antonio de Padua)

¡Oh! Astro de España, Perla de pobreza, Antonio, Padre de la ciencia, Ejemplo de pureza, Lumbre de Italia, Doctor de la verdad, Sol de Padua resplandeciente en señales de claridad.

Amén.

Predicador egregio, ruega por nosotros, Antonio beatísimo.

Para que por tu intercesión alcancemos los gozos de la vida.

Alegre Señor, a vuestra Iglesia la devota y humilde oración del glorioso San Antonio, vuestro siervo; para que seamos siempre socorridos en esta vida con los auxilios de la gracia y merezcamos conseguir después los gozos eternos de la gloria; por nuestro señor Jesucristo, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina por todos los siglos de los siglos.

Amén.

Durante cada día de los que consta la Novena a San Antonio de Padua, las oraciones son:

DÍA PRIMERO
Admirable fe da San Antonio. La vida del santo Taumaturgo es un continuo pregón de la fe cristiana. Por ella, muy joven, ansía derramar su sangre a la vista de los mártires franciscanos de Marruecos. Por ella se entrega completamente a Dios en vida santa y perfectísima de evangelización que fue pasmo del mundo, rica en portentos y maravillas… ¿qué vida de fe es la mía?

DÍA SEGUNDO
Esperanza de San Antonio, Amó vivamente el Santo esta virtud. Una vida de sacrificio, en lucha constante contra el infierno, el mundo y las pasiones, sería imposible sin una gran esperanza, hija de una gran confianza en la bondad divina, en la paternal Providencia de Dios y en la ayuda constante de su gracia… Por eso el Santo jamás desmayó en su vida de incesante y
penoso esfuerzo. ¡Contaba con Dios! Humillémonos y contemos, no con nuestras fuerzas, sino con las divinas, esperando en Dios.

DÍA TERCERO
Caridad divina de San Antonio. Distinguió a San Antonio el Serafín de Asís, San Francisco, con particular amor. No ignoraba, sin duda, que , como buen hijo suyo, era otro Serafín de caridad. ¿Quién podrá adivinar la ternura de su amor a Jesús? Aquella escena en que el Niño Dios se recrea en los brazos del Santo puede servir para hacernos adivinar sus éxtasis, sus deliquios, sus ternuras seráficas…¡Qué ejemplo para mí, frío miserable, pobre pecador!

DÍA CUARTO
Caridad fraternal de San Antonio. He aquí un Santo cuya vida fue un holocausto de entrañable amor a los hombres. Puede decirse que toda ella no fue sino una caricia a los pobres pecadores, a los tristes enfermos, a los atormentados por las negruras de la miseria… Y tanto placer debió de encontrar el Santo en este amor fraterno a sus semejantes, que ni la muerte lo interrumpió… Hoy, cómo en vida, sigue prodigándonos las mismas caricias. ¡Que su ejemplo me mueva compasión de los desgraciados!

DÍA QUINTO
Pureza de San Antonio. No en vano lleva el Santo en sus manos un lirio… Fue una azucena de la Iglesia. El demonio quiso mancharla con su baba inmunda, pero el Santo la guardó como un tesoro; la defendió en un seto austero e impenetrable de cilicios, vigilias, disciplinas, ayunos, oraciones, trabajos… ¿qué haces tú para guardar la pureza de tu cuerpo y de tu alma?…

DÍA SEXTO
Humildad de San Antonio. También en este Santo, y por manera singular y maravillosa, se cumplió el dicho de Jesucristo: “El que se humille será ensalzado”. Se ocultó como una violeta; buscó el retiro, el silencio y, dotado de altísima sabiduría, la tuvo oculta y sólo la obediencia pudo abrir con su llave de oro aquellos raudales portentosos que hicieron a San Antonio Arca del Testamento…¡De cuántos bienes te priva tu soberbia!…

DÍA SÉPTIMO
Pobreza de San Antonio. Nacido en dorada cuna, ante las sonrisas y halagos del mundo, San Antonio abraza la pobre Orden Franciscana… Se hace hijo de aquel desposado con la dama Pobreza, San Francisco, y, como él, la sigue por abrojos y espinas, privaciones y sufrimientos, contento con sus dolorosas y dulces caricias… Su despego del mundo, le hizo rico en bienes celestiales… Trocó el oro de la tierra por el oro inestimable del amor divino. Despégate de los bienes terrenos, si verdaderamente quieres salvarte…

DÍA OCTAVO
Obediencia de San Antonio. La obediencia es la muerte de la propia voluntad, y cuando el hombre mata a ésta, ha matado a su mayor enemigo. La voluntad divina, manifestada por los legítimos Superiores, obra entonces maravillas en las almas. San Antonio fue obedientísimo. Lo fue tanto, que a un acto suyo de obediencia, predicando cuando le creían un ignorante, debemos el hacer descubierto a este nuevo Doctor de las gentes…¡obedece, humilla tu amor propio: Dios te ensalzará!

DÍA NOVENO
San Antonio, protector de los que sufren. Todo sufrimiento, en cualquiera de sus manifestaciones, el dolor del pecado, la pérdida de salud, la escasez de recursos, las injustas persecuciones, la ausencia de paz, las hondas preocupaciones, las grandes tristezas…, cuanto puede atenazar el alma…, fue motivo de compasión para el Santo, fue materia de milagros suyos, fue blanco de su misericordia… ¿Qué se ocultó u oculta a su corazón compasivo? Acudamos, pues, a él, con vivísima confianza.