Lo que llegamos a soñar

Los animales de sangre fría no sueñan nunca; por las noches o en tiempos fríos, al bajar la temperatura ambiente por debajo de cierto límite, caen en un letargo en que todas sus funciones vitales quedan prácticamente paralizadas, incluso las del cerebro; cuando vuelva a lucir el sol o la temperatura sube hasta un grado aceptable para ellos, vuelven a recuperar todas sus funciones vitales. El único animal de sangre fría que presenta indicios de soñar es el camaleón. Los peces y anfibios pasan por periodos de reposo acompañados de un descenso en la respuesta ante estímulos del entorno. Sin embargo, no se ha podido demostrar que existan diferencias claras entre sueño y vigilia.

Todos los animales de sangre caliente sueñan, desde los pájaros, que sueñan un 0,5% del tiempo que pasan dormidos, hasta el hombre, que llega a soñar un 20% de dicho tiempo. Sólo existen muy raras excepciones a esta regla, como por ejemplo el ornitorrinco australiano, que no sueña nunca.

Centrándonos en el hombre, los porcentajes van disminuyendo desde el momento en que nacemos hasta que morimos, pues un recién nacido sueña más de la mitad del tiempo que duerme – que es mucho -, y con los años va variando, pues a los sesenta años por ejemplo, ya sólo sueña un 15% del tiempo que duerme a la vez que se duermen menos horas; hasta el final de la vida ambas cosas, dormir y soñar, siguen disminuyendo, como puede comprobarse en este gráfico:

Horizontalmente: edad en días, luego en meses y al final en años.
Verticalmente: duración del sueño en 24 horas.
REM: corresponde al sueño paradójico (soñar).
NREM: corresponde al resto del sueño (dormir).

Observando esta gráfica podemos ver que el soñar es un privilegio de los animales superiores y del hombre; es decir, de aquellos que son capaces de aprender, de sacar consecuencias de los hechos y guardar las conclusiones; y que al empezar la vida, como todo es nuevo todo tiene que ser guardado y archivado, mientras que con los años la actividad se va reduciendo y con ella la necesidad de incorporar nuevas vivencias a la conciencia.

 

Significado de los sueños

La necesidad de los sueños

Es imposible incrementar el tiempo que habitualmente dedicamos a soñar y tampoco existe forma natural de disminuir el tiempo que soñamos ni dejar de soñar, si bien esto último puede conseguirse gracias al empleo de drogas, pero ello siempre conlleva graves riesgos para la salud, e incluso para la vida.

Cuando a una persona se le priva de su ración diaria de sueños empieza a sufrir alucinaciones trastornos nerviosos que llegan a la neurosis y las convulsiones, y el sujeto busca desesperadamente la forma de recuperar sus sueños perdidos, aunque sea intentando soñar repetidas veces durante el día brevísimos instantes, cuestión de pocos segundos cada vez.

En voluntarios humanos siempre se han detenido las pruebas al llegar a este punto, pero, en animales Jouvet (profesor que inició sus investigaciones en 1959, en Lyon, Francia) localizó un punto cerca del encéfalo cuya destrucción implicaba la desaparición total de los sueños. Lo destruyó, comprobando que los animales así tratados seguían de momento su vida normal, pero a los dos o tres días empezaban a presentar alucinaciones y convulsiones, y al cabo de un tiempo, siempre antes de tres meses, terminaban por morir a pesar de hallarse sanos.

 

Anomalías

Los resultados de un EEG individual pueden ser engañosos. Por ejemplo, las ondas lentas asociadas al sueño se pueden encontrar en estados de vigilia bajo los efectos de algún fármaco, o durante algunas fases de la anestesia o del coma.

De esa forma, cuando se realiza un EEG para hacer un diagnóstico del sueño, lo más importante es que la gráfica muestre un ciclo normal y una alternancia regular de los dos periodos, más que la forma característica de las ondas.

 

Anomalias en los sueños

Alteraciones del sueño

Las alteraciones del sueño se han consolidado como un nuevo campo de la medicina. El diagnóstico y el tratamiento se realizan desde la neurología y la psiquiatría. Los problemas del sueño se dividen en tres clases: el insomnio, que se caracteriza por la dificultad para quedarse dormido o para permanecer dormido; la hipersomnolencia, que consiste en una demanda grande de sueño o somnolencia durante el estado de vigilia, como en el caso de la narcolepsia; y episodios nocturnos, tales como los terrores nocturnos, las pesadillas y el sonambulismo (caminar dormido.

El individuo se levanta durante el sueño, sin ser prácticamente consciente de su entorno, para realizar lo que parecen actividades motoras conscientes. Los sonámbulos ejecutan actos, como la búsqueda de objetos perdidos, que reflejan situaciones de tensión experimentadas durante las horas de vigilia. Esta situación es más frecuente entre adolescentes, aunque también puede afectar a los adultos. El sonambulismo se produce durante la fase de sueño profundo.

El sonámbulo suele también hablar durante el sueño y es raro que este trastorno origine lesiones. Si aparece de cuando en cuando no se considera un signo de trastorno mental grave.)

El insomnio y la hipersomnolencia son sólo síntomas y pueden estar provocados por varios motivos. Por ejemplo, el insomnio puede estar causado por una artritis dolorosa, por un trastorno endocrino, por el consumo de ciertas sustancias químicas o por la abstención de otras (como el alcohol); por problemas psicológicos como ansiedad o depresión y por alteraciones en el reloj biológico como el cambio de horario que se experimenta en los viajes por avión de un continente a otro. Por consiguiente, en términos de tratamiento, el insomnio no es una enfermedad que se cure con un somnífero, sino que el médico debe determinar y tratar la causa que lo provoca.